lunes, 26 de noviembre de 2007

jueves, 22 de noviembre de 2007

miércoles, 14 de noviembre de 2007

PATAGONIA CHILENA , AHORA O NUNCA!!!!

Hay ocasiones en que las amenazas a lugares valiosos, por conocidas y reiteradas, generan algo casi peor que el riesgo de la pérdida: el peligro de acostumbrarnos a ella; la tendencia a dar batallas por perdidas. Y es sólo la llegada del ataque real, la certeza probada de lo ya inevitable, la que logra despertar el coro unísono de voces; reactivar, casi siempre demasiado tarde, la pelea. Es lo que no queremos que suceda en la región de Aysén y sus aledaños, en la Trapananda o Patagonia Chilena, aún deshabitada casi por completo, llegada hasta nuestros días en un estado de conservación verdaderamente excepcional, y cuyos impresionantes ríos vírgenes están en el punto de mira de la hidroeléctrica Endesa y sus filiales y asociadas. Ya lo contaban Juan Clavero y Patricio Segura en estas páginas en Octubre de 2006 (ver Quercus nº 248); y más tarde informaba Teresa Vicetto de la actualidad, con su testimonio directo de la movilización local contra el proyecto, en Abril de 2007 (Quercus nº 254).

Pero es que las obras que acabarán para siempre con los grandes ríos totalmente salvajes del sur remoto de Chile empezarán, si no lo remediamos, durante este mismo año 2008. Endesa se propone algo de difícil aceptación moral y pública: llevar a cabo en Patagonia intervenciones que en España no podrían ni plantearse. Porque forman parte de una iniciativa obsoleta, innecesaria, susceptible de alternativas, y que, para mayor gravedad, agrede de forma irreversible a valores excepcionales e irrepetibles, tanto ecológicos como inmateriales. La primera fase del proyecto de Endesa, construir dos grandes embalses (o represas, como dicen en Chile) en el río Baker y otros dos en el río Pascua, con sus megacentrales e infraestructuras asociadas, no sólo inundará miles de hectáreas del último hábitat del huemul, el ciervo más amenazado de las Américas, y emblemático de Chile; sino que además, y a causa de los increíbles dos mil kilómetros largos de tendidos de alta tensión pretendidos para el transporte de la energía eléctrica hasta Santiago, desfigurará doce espacios protegidos, supondrá la intervención directa en más de 15.000 hectáreas de territorio, y generará fuerte impacto paisajístico sobre más de cuatro millones y medio de hectáreas rurales y silvestres.

Pero eso no es todo, y quizá ni siquiera sea lo más grave. El Baker y el Pascua son dos de los treinta grandes ríos no intervenidos, es decir, totalmente libres de infraestructura humana, que quedan en el mundo. Son, por lo tanto, entidades, sistemas, paisajes, en extremo peligro de extinción. Su coste de reposición es infinito. Y por añadidura, la mayor parte del territorio de sus cuencas está formalmente protegida como parque o reserva, e incluye, como el resto de esta región excepcional, grandes proporciones de territorios, bosques en su mayoría, literalmente vírgenes, algunos incluso inexplorados. El rumbo lógico, la vocación coherente, el destino sostenible de estos cauces fluviales no es otro que el de integrarse en la realidad protegida, y contribuir a generar economía duradera y calidad de vida desde su preservación inalterada y su plena funcionalidad ecológica, y no desde su transformación mortal. Atender al carácter bio-regional, y proceder con enfoque ecosistémico. Es, ni más ni menos, lo que recomiendan hoy los organismos de referencia mundial como la UICN. Cualquier otra cosa sería incluso contradictoria con el propio “proyecto región”, esto es, con el rumbo que el propio gobierno del Estado chileno estableció en su momento para el progreso regional sostenible, y que ha venido trabajando durante años mediante sinergias público-privadas en todos los sectores.


Pero eso tampoco es todo. El Baker y el Pascua son, fundamentalmente, símbolos de un valor gigantesco, referencias que la Humanidad no puede perder sobre cómo eran las cosas antes de su hegemonía, porque perderlas nos haría a todos más pobres, menos desarrollados, menos humanos. Y hay en esto una responsabilidad institucional, una apuesta política. Obtener energía para satisfacer la aspiración, atípica pero legítima, de que un país siga creciendo al 7% anual (aunque sea alimentando con ella a macroempresas mineras miles de kilómetros al norte, y posponiendo un acuerdo energético de largo alcance con vecinos productores más o menos volubles) no puede hacerse al precio infinito de la muerte irreversible. Las consecuencias de hacerlo, se recogen, por cierto, en un potente y hermoso libro, Patagonia Chilena Sin Represas (Ocho Libros Editores), que se presenta por estos días en Madrid.

Pero también está sobre el tapete la responsabilidad social corporativa de una empresa que dice apostar por la sostenibilidad. Hay ocasiones, y ésta es la más nítida de ellas, en que sostener ciertos valores, garantizar la continuidad de determinados procesos naturales, significa, necesariamente, no tocar. Sinceramente, pensamos que, a medio plazo, sería más rentable para Endesa la opción pionera, valiente y lúcida de la renuncia, la búsqueda de alternativas, y el lícito empleo publicitario y mediático de esa histórica decisión conservacionista. Y es nuestra, de todos, la tarea de ofrecer diálogo y trabajo para apoyar este cambio. Pero si, pese a todo, Endesa decide seguir el camino trazado, y destruir para siempre los últimos ríos libres de la Patagonia, debe saber que su culpa añadida será mucho mayor, será la de haber degradado, pudiendo evitarlo, la condición humana.



Eduardo Crespo

jueves, 8 de noviembre de 2007

HA LLEGADO CARTA!!!!

Estimad@s:
A los que participamos de esta kancha ya nos quedó claro que aquí no nos estamos jugando sólo unos miles de kilómetros más o menos de tendido eléctrico, o unas miles de hectáreas más o menos a inundar, o unos millones de dólares más o menos que se va a embolsar el cabrón de turno. El maestro Ruiz dice que insistir en ser chileno es como insistir en estar resfriado.
El estilo o modelo de desarrollo de concentración e iniquidad, y de subsidio con cargo a externalidades socioambientales, no es sustentable. La versión criolla (made in Chicago/Boston) debiera considerar la conveniencia de continuar imitando la moral económica más violenta, armada, endeudada y contaminante del planeta (el lobby oligopólico no tiene patria francesa o rusa o italiano/española).
En este Chile se topó techo productivo, y la normativa institucional actúa como chaleco de fuerza. La energía de la juventud es vampirizada por la senescente imagen del patrón de fundo huasqueando al huacherío. Y los mercaderes de la muerte se juegan sus siniestras cartas: una decena de centrales represando Aysén, a lo menos otro tendido eléctrico demencial, y una poderosa comisión senatorial nuclear. Con suerte en quince años tendremos un 10% de la matriz energética renovable, y seremos más dependientes que nunca de insumos onerosos y la misericordia de los dueños del Agua.
La contradicción vital del senador consiste en que su sueño desde que llegó a Aysén fueron esas centrales hidroeléctricas, y favorecer la instalación de la línea de transmisión hacia el norte. Ayer ese sueño era coherente, hoy ya no es consecuente.
Como esa linda frase en Total Recall, de Dick/Verhoeven: No te doy suficiente información como para que pienses; sería coincidencia o casualidad que cierren la llave del gas en Argentina, se limite legalmente el porcentaje de renovables, y ahora, fatídicamente, empiece el chantaje con los precios de la luz.
Acá es desazonador apelar a la sensatez. Se implora permitir la participación de los jóvenes, y la respuesta idiota es entonces voto obligatorio. Se coloca el gas boliviano en la balanza frente a la irreversibilidad de las megarepresas y las centrales nucleares, y se responde que se quiere regalar mar.
En la práctica la zona gris hasta la costa del hito 1 funciona como de soberanía compartida desde la Guerra del Pacífico. De otro modo Tacna quedaría con una costa obtusa. Lo único novedoso del planteamiento es que en lugar de ser Bipartita, sea Tripartita. Pero ese no es el punto.
En muchos lugares de Chile no se entiende la relación permanente y permeable del norte con Perú y Bolivia; así como la del sur, particularmente en la Patagonia, con Argentina. Y explicarla es tan difícil como darle a entender a un niño en Canela Baja, las características hídricas de Aysén; o a uno en Puerto Cisnes, lo que es una sequía.
El día que se echó a andar el Transabotaje, quedé en la calle junto a miles de capitalinos. Pero de haber sabido ese día que los ministros firmaban los cheques, y se cambiaban a los directorios de los bancos a cobrar los mismos cheques, seguro habría reaccionado en forma menos pasiva que simplemente decir maldito Zamorano. Será como la estrategia de desmantelamiento –más mercado para mejorar el modelo- y de allí integrar el Directorio, previamente privatizado (EFE).
La guerra contra la delincuencia la perdimos el día que una banda de sociópatas bombardeó La Moneda. El momento de las compensaciones simbólicas ya pasó (el reemplazo de la Constitución Inmoral; un referéndum respecto a cualquier cosa; un timbre de culpable para el dictador en algún papel), y hoy sólo pueden restablecerse los equilibrios con referentes no metafóricos. O dicho de otra forma, con metáforas cuya potencia simbólica sea equivalente a la de muros de concreto de cientos de metros, o a basura que será radioactiva durante miles de años.
Se seguirá haciendo lectura obscena de conceptos claves, como subsidiariedad (gran parte del gasto a rendimiento decreciente) o lucro (costos públicos y rentabilidades privadas). Y nuestro problema no es que haya más estúpidos que en otro lugar; lo que acontece es que el mal, como dice Baudrillard, se ha vuelto transparente. En este país sobran líderes, lo que no hay son equipos… Seguirán 75 mil chilenos pudientes, accediendo a recursos equivalentes a los que acceden 6 millones de chilenos desposeídos.
Nuestra única fuente real de energía es la juventud. El resto está agotada o agotándose. O es de carácter sucedáneo (tecnoproductivo).
Es abrumadora la certeza de que energías libres y renovables abundan, y siendo costa y cordillera debemos cosechar energía mareomotriz y geotérmica (además de eólica y solar), estando a tiempo de convertirnos en exportadores netos de conocimiento en estas áreas.
Tras la larga noche olvidamos cómo relacionarnos entre nosotros y con nuestros paisajes. Olvidamos cómo organizarnos y, peor aún, olvidamos para qué organizarnos. A nuestra juventud brindo este esfuerzo. Para los mayores de 30 será, por supuesto, sólo anamnesis.
ORGANIZACIÓN
Marcelo Quinteros
marcquint@gmail.com